sábado, 9 de mayo de 2015

La flor de la jara


Yo amaba a aquella casa
sin vientos de desgracia.


Era como mi alegre
posesión transparente.


Como la flor blanquísima
que en los jarales brilla.


Tal vez yo por entonces
desdeñara a los dioses.


Pues ni ellos habitaban
en regiones tan claras.


Y así como un castigo
perdí lo que era mío.


Un fuego despiadado
prendió en aquellos campos.
Después no quedó nada.
Ni la flor de la jara.

                   
                                                                                         José Agustín Goytisolo